El nacimiento es un destello sublime.
El llanto del recién nacido una ráfaga de vida.
Y el suspiro de la madre un destello de felicidad.
Un destello de desarraigo el primer día de clases.
El abrazo a un amigo un destello de placer.
Un chispazo de satisfacción una buena nota en la escuela.
Y un destello de emoción la mirada de alguien que te gusta.
Un destello de gozo e incertidumbre la llegada del primer beso.
Una ráfaga de disfrute la obtención de éxitos en los estudios o el trabajo.
Con pérdidas sentimentales o materiales destellos de dolor.
Destellos de resignación ante los fracasos de cualquier índole.
Una reacción de tranquilidad el superar una enfermedad.
Y un destello de deber cumplido en el crepúsculo de la vida.