Si hay un camino con historia,
ese, es este que quiero recordar.
Su historia es tan frondosa e
importante, que, se forjó junto a
la de los pueblos que él atraviesa.
Comenzó cuando los incas se
decidieron a ampliar su imperio,
conquistando las tribus mas pequeñas,
situadas al sur de sus dominios.
La segunda etapa se produjo cuando,
luego de la ocupación del imperio por
parte de los españoles, estos se desplazaron
desde Lima a Buenos Aires, logrando que
el Virreynato del Perú, creciera con la
creación del Virreynato del Río de la Plata.
Durante este periodo fueron varias las
ciudades fundadas a lo largo de ese camino.
Luego, esa historia se acrecentó cuando,
los ejércitos del nuevo Gobierno surgido con
la Revolución de Mayo, avanzaron rumbo al
norte para destronar al Virrey del Perú,
durante la gesta emancipadora. Producida
la emancipación de las naciones que el
camino atraviesa, el mismo se convirtió en
el conducto principal para el desarrollo
cultural, económico, social, comercial y
turístico, de los países de la región,
Claramente esta ruta troncal y sus arterias
secundarias, con sectores de increíbles
bellezas naturales, constituyen la columna
vertebral de la América del Sur.
A borbollones bajaban de los barcos.
Venían escapando de las guerras, a
descubrir y conquistar estas tierras.
Y vaya si lo lograron, inmediatamente
se diseminaron por todo el territorio de
esta Argentina, que, los recibió con los
brazos abiertos.
Fueron enviados por los gobiernos a los
lugares menos poblados, e inhóspitos del país,
y rápidamente se adaptaron, porque, lo
único que querían era tener un lugar donde
poder empezar a trabajar y producir.
Las primeras camadas de inmigrantes
fueron de españoles, italianos y árabes,
que se afincaron quedándose para siempre.
No es difícil, ver un español al frente de un
hotel, un árabe con un gran almacén, o un
italiano con un importante taller, en cualquier
lugar de nuestra extensa geografía.
A mis pagos de la Provincia de Formosa,
llegaron los polacos, ucranianos y rusos,
que venían de soportar temperaturas de
varios grados bajo cero, a estos parajes
con mas de cuarenta grados de calor.
No se amilanaron y trabajando de sol a sol,
pronto cubrieron los campos de blancos
algodonales.
A la escuelita rancho del paraje donde mi
padre era el maestro, asistían los hijos de
esos colonos, decenas de niños con sus cabezas
tan rubias, como el trigo que cosechaban.
Hoy, mas de la mitad de la población de nuestro
país, es descendiente de inmigrantes, son
¡"los hijos de los barcos"!.
Cuando se supo de él, ya estaba
en todos los confines de la Patria.
Montado en su caballo anduvo al
trote por la pampa, trepando las
montañas o cruzando los ríos. El
gaucho es un símbolo de la argentinidad.
Se lo vio defendiendo las fronteras
junto a Güemes, y en los ejércitos
emancipadores de Belgrano y San Martín,
y siguiendo al Gran Capitán llegó
hasta el Perú.
Tuvo familia con mujer e hijos, y sus
principales labores fueron arriar, pialar,
pastorear, lo que lo hicieron como a nadie,
un experto en el cuidado del ganado.
Lo llamaron matrero tan solo por
defender su libertad a punta de facón.
Porque, el gaucho por sobre todas
las cosas, ¡fue siempre un hombre libre!.
Descubrir que, no estamos solos en el mundo;
y que el creador nos puso en él, para
compartirlo con los animales y las plantas.
Descubrir que, somos los seres mas privilegiados
de este universo; y que el habitat que compartimos,
nosotros mismos lo destruimos.
Descubrir que, la vigencia de la familia es
fundamental para mantener una sociedad
consolidada, fuerte y determinante.
Descubrir que, la educación es el pilar
que sostiene el comportamiento y los hábitos
deseados en lo individual y colectivo.
Descubrir que, el camino es sinuoso y lleva tiempo
transitarlo, no obstante es el rumbo a seguir,
la familia y la educación son las llaves que abren
las puertas de un futuro mas promisorio.
Descubrir que, la inspiración a veces se hace
poesía; y que la poesía puede ser canción, esa
canción que llega a lo mas profundo del corazón.
El lenguaje, ese instrumento
primario y esencial de la comunicación.
Sin el, sería imposible transmitir con
fidelidad, todo lo que pensamos y sentimos.
El lenguaje oral, escrito o virtual.
El dibujado, pintado o esculpido del artista plástico.
El lenguaje académico y específico del
médico, el abogado, el maestro o el científico.
El lenguaje cuidadoso y bello del poeta.
Y el lenguaje vulgar y apasionado del pueblo.
Todos inmensamente bienvenidos
en el momento y lugar requeridos.
Pensamiento y sentimiento
coexisten en el ser humano.
Uno como designio de la mente,
y el otro al compás que marca el corazón.
Muchas veces son coincidentes,
y en otras no, es cuando colisionan.
Todo depende del individuo, porque,
hay en quienes predominan los pensamientos,
y en otros los sentimientos.
Por lo general las personas pensantes
son, mas frías y calculadoras.
Y por el contrario las que actúan en
respuesta a su sentir, mas cálidas y espontáneas.
Los primeros luego de un análisis minucioso,
y los segundos por repentinos impulsos.
Lo importante es que, unos y otros,
lleguen a buen puerto.
Ser argentino, no es una entelequia.
Es un sentimiento, una pasión.
Es una forma de vivir y de pensar.
Una manera de expresar y de protestar.
Es eso que nació con la Patria.
O mucho antes que ella, con
la mixtura de los extranjeros, en su
mayoría españoles, con los que
habitaban estas tierras.
Ese ser que se fue formando
con los oriundos del campo, los gauchos,
y los habitantes del puerto, los porteños.
Con los provincianos del norte y del sur,
y los oligarcas de las grandes ciudades.
Con los inmigrantes, en su mayoría italianos,
y los hijos de estos que, a pesar de lo que
deseaban sus padres, resultaron
mas criollos que el mate.
Entre todos consolidaron esa importante
clase media, de donde surgió el ser argentino.
Con profesionales, artistas, trabajadores,
deportistas y científicos,
que hicieron grande esta Nación.