Incertidumbre, desorientación, desaliento,
es lo que se siente, ante la proximidad de
las elecciones Presidenciales de nuestro
país, de cuyos resultados dependerá el
futuro de la Nación Argentina en los
próximos cuatro años.
Es que, la mayoría de las agrupaciones
políticas que se presentarán en la compulsa,
solo se preocupan en dar a conocer los
nombres de los candidatos, sin importarles
mencionar las propuestas y fundamentos
políticos, sociales y económicos que
permitirán superar la profunda crisis
que se atraviesa, acumulada por mas de
veinte años.
Especialmente los partidos mayoritarios,
están convencidos de que, su base de
votantes cautivos, claramente fanatizados;
por estar mas atentos en marcar las
falencias del oponente que en visualizar
las virtudes de su propio espacio; les
permitirá salir airosos en la contienda.
Evidentemente es un error, porque, el
grueso de los electores independientes o
indecisos, que supera el cuarenta por
ciento, será decisivo en el resultado final;
franja que pretende capitalizar un Frente
alternativo.
Incertidumbre, desorientación, desaliento,
se desvanecerán, si los que gobiernan
actualmente adoptan medidas que logren
revertir la crisis, o si los que se oponen
encaran una postura unificada que priorice
las soluciones por sobre las críticas.
Los sueños de los humanos, durante
el transcurso de la vida, son diferentes
según las edades, las clases sociales,
los lugares de residencia, las ocupaciones
y las ambiciones personales.
Los sueños de la niñez, son iguales,
sueños inmaculados, puros, transparentes,
sin cuestiones que lo diferencien, con
la esperanza de que algún día se hagan
realidad.
Los sueños de los jóvenes, siendo los
mismos, están teñidos de realidad, por
lo que, ya se debaten entre sueños
cumplidos o en transición.
Llegada la adultez, se puede hablar de
sueños individuales realizados o desvanecidos.
Es el tiempo de los sueños colectivos
compartidos: una Patria grande y libre;
con educación, trabajo, seguridad, orden
y progreso.
Desde mediados del siglo veinte,
con la proliferación de las armas
nucleares, el desmesurado crecimiento
de la destrucción ecológica y el
avance importante de las tecnologías;
las naciones por si solas, se vieron
en dificultades para enfrentar sus
consecuencias.
Efectivamente, bombas atómicas en
poder de varios países, hicieron crecer
la posibilidad de la guerra nuclear, y el
lanzamiento al aire, al agua y a la tierra,
de desechos industriales tóxicos,
incrementaron los daños ecológicos, y
la explosión de la infotecnología y la
biotecnología, con sus secuelas de
disminución o cambio en el empleo de
millones de personas en todo el mundo;
necesitaron de soluciones globales a
través de sus organizaciones internacionales,
creadas a tales efectos.
Las soluciones desde la globalización,
por decisiones o conflictos individuales,
bilaterales o colectivos de las naciones,
vinieron a resolver situaciones que de
otra forma hubiesen sido imposible, no
obstante, pueden no ser suficientes ante
posturas desacertadas de alguna de las
partes.
Es evidente que, el futuro de la humanidad
pende, de una resolución global o de una
reacción intempestiva de algún Jefe de
Estado involucrado.
Toda relación humana nace
a partir de una conexión inicial,
y si se la quiere mantener en el
tiempo, es menester un contacto
permanente.
Si esa conexión se pretende hacerla
con el pasado, se concretará a
través de la historia, y si se busca
conectarse con el ambiente, deberá
relacionarse con la naturaleza.
El amor será quien lo conecte con
los seres queridos, y los medios de
comunicación con el presente del
mundo exterior.
Las conexiones con el futuro, se
pueden lograr mediante el estudio
de las ciencias sociales, así como,
los sentimientos de distinta índole,
lo conectarán con los amigos.
Para demostrarlo, como dice un
antiguo y conocido refrán: "para
muestra basta un botón", por ejemplo
recordemos que, las fluidas conexiones
de los libertadores de nuestra América
del Sur: Miranda, Bolivar, San Martín,
O'Higgins, entre otros, a través de las
Logias, sin dudas, facilitaron notablemente
la gesta emancipadora.
Cuantos caminos distintos se abren
en la vida de cada uno de los seres
humanos que habitamos este mundo,
cada vez mas globalizado e integrado
a través de las redes sociales. Esos
caminos que se despliegan desde el
nacimiento, según el núcleo familiar
en que comienza la vida, la educación
recibida en los primeros años, y el
acompañamiento y control de parte
de los mayores.
A partir del uso de la razón personal,
aparecen las posibilidades de poder
consolidar, modificar o mejorar los
trayectos, mediante el estudio, la
preparación, el trabajo; mas, sea cual
fuere el camino elegido o adoptado, lo
importante es hacerlo con responsabilidad,
dedicación, esfuerzo, y fundamentalmente
con honestidad y decencia.
Me duele la falta de educación
en todos los niveles de la sociedad,
como resultas de observar gente
insolente hasta el hartazgo.
Me molesta la ausencia de
solidaridad de los que mas pueden,
y por el contrario, ver indiferencia
y mezquindad hasta el hartazgo.
Me duele la insuficiente tolerancia
de grandes sectores de la comunidad,
producto de la escalada de violencia
y agresión hasta el hartazgo.
Me molesta que, la moral y la ética,
estén ausentes en autoridades y
líderes de las fuerzas vivas, como
consecuencia de una corrupción
generalizada hasta el hartazgo.
Me duele la falta de verdad, respeto,
cordialidad, prudencia y amor, que,
se hallan en franca retirada por el
avance de falsedad, prepotencia,
necedad y odio hasta el hartazgo.
La necesidad permanente de crecer
que tiene todo individuo, a quien
le interese progresar en este mundo,
cada vez mas difícil y competitivo,
es lógica y razonable.
Ese crecimiento que se persigue, en
lo moral, ético, intelectual, cultural,
social, económico, debe partir de
premisas claramente visualizadas y
elaboradas.
Ello implica encarar diversas acciones,
tales como, capacitarse y actualizarse
para enriquecerse, y por ende, crecer
en lo cultural y moral. O también
prepararse y esforzarse laboralmente,
para prosperar en lo económico y social.
En definitiva, el progreso individual,
siempre que se logre en el marco de
las leyes y buenas costumbres, también
lleva al crecimiento de grupos o sectores
que, tarde o temprano repercute en el
mejoramiento de la sociedad en su conjunto.